aitorarregi

La tarea de Calvo se zambulle de lleno en lo artístico para que la sala de Mugaritz esté a la altura de la estética y calidad de las creaciones de la preciada cocina vasca. La modestia le lleva a destacar que sencillamente se trata de un «contagio» al trabajar con las «cosas maravillosas que salen de esa cocina». Sin embargo, él es el responsable de crear un entorno que contribuye a que el comensal sienta la libertad sensorial que supera a la imposición de las costumbres. En sala, Mugaritz sorprende con el concepto de coreografía en el servicio, toda una revolución para que la armonía entre personal, comensal y producto sea exquisita. Todo roza lo mágico y esto se debe a una ruptura con el concepto tradicional de gastronomía. Un espíritu que contagiará en Región de Murcia Gastronómica.